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La nueva revolución del smartphone. Parte II

En la primera parte hablamos de la posibilidad de utilizar tu smartphone como si fuera nuestro ordenador personal. Una idea muy seductora, versátil y que estoy convencido de que será la próxima revolución en esta industria. Comentaba además que hubo una gran compañía que intentó ser la pionera, pero que al mismo tiempo supuso un gran fracaso. Pues bien, esta primera gran marca no fue otra sino Microsoft.

Hace año y medio aproximadamente, lanzó su Microsoft Display Dock, un pequeño dispositivo al que podías conectar un monitor, un teclado y un ratón, y que, al conectar el Lumia 950 o 950XL, ejecutaba una versión reducida de Windows 10, de forma que convertías al Smartphone en tu ordenador de sobremesa. 

Aunque estos teléfonos deberían ser capaces de ejecutar ciertas aplicaciones de escritorio perfectamente gracias a su potente hardware, la tecnología Continuum, con la que se transformaba el teléfono en ordenador, aún estaba verde, y esto, aparte de ofrecer un Windows 10 muy descafeinado, hacía que el teléfono, no sólo tenía que funcionar como un ordenador, sino que además no enviaba la imagen al monitor como la enviamos habitualmente con cables, sino que se producía un mirroring de pantalla, como cuando envías el contenido de tu Smartphone a una Smart TV. Esto hacía que la experiencia distara mucho de ser buena.

Si añadimos que la base de usuarios de Windows Mobile está muy por debajo de Android o iOS, que mover a un usuario de Android o iOS a Windows Mobile es poco menos que imposible, y sumamos el hecho de que no vale cualquier teléfono con Windows Mobile, sino que tiene que ser un Lumia 950 o 950XL, no precisamente baratos, pues nos encontramos con una tecnología en pañales y con muy pocos usuarios interesados, aunque el Microsoft Display Dock fuera asequible.

De ahí que Microsoft tras gastar la que era su última bala, decidiera abandonar el mercado de la telefonía móvil para dedicarse a lo que ahora le está aportando éxito e ingresos: su línea Surface.

Eran muchos los factores que tenían en contra, por lo que hay que reconocerles la valentía del intento. Pero el problema, como siempre que uno habla de Microsoft, es la ejecución. 

Cuando tienes un grado de implementación en ordenadores tan grande, puedes cometer un error de la magnitud que fue Windows 8, un sistema con mucho potencial, pero con tantos errores, que para lavar la imagen se tuvo que saltar directamente al 10. Sin embargo, en telefonía móvil, Windows Mobile no era, ni mucho menos, un estándar capaz de soportar un fracaso de esa magnitud. 

Como dije en la entrada anterior, cabría esperar que este fracaso disuadiera a la competencia de intentar lo mismo. Sin embargo, al contrario, tal vez no sólo sirvió de inspiración sino además de manual sobre lo que no había que hacer.

Entonces, ¿cuál es el siguiente gran intento y de la mano de quién viene? ¿Tendrá el éxito esperado? ¡En la tercera parte seguiremos profundizando!